Felicidad absoluta

Me siento tan orgullosa, tan emocionada, tan bien... estoy feliz. Hacía mucho tiempo que no sentía esta felicidad, es una felicidad difícil de explicar, es un sentimiento tan grande que no hay palabras suficientes para describirlo.

 

Maialen y Sara son nuestro mayor tesoro, nuestro mayor regalo, Lo que nos regalan cada día es algo inmensamente grande. Todas las mañanas cuando estoy preparando a Maialen para ir a la ikastola hablamos porque tenemos nuestras conversaciones, nos reímos e incluso le riño porque no me deja peinarle, me pone las manos en medio, empuja el cepillo, mueve la cabeza a propósito, salta en la silla... cualquier cosa con tal de que no le peine. A veces lo hace molesta y otras directamente se ríe con una malicia... Pero ver su sonrisa cada mañana es mi mayor regalo. Cuando Sara se despierta y me asomo por su cuna me saluda con una sonrisa, es tan simpática y se parece tanto a Maialen... Por las mañanas exprimo al máximo su compañía. Le encanta bañarse y los masajes de después, le encantan las pedorretas en el cuello, se agita cuando ve que voy a cogerle... Estoy viviendo cosas que son nuevas para mí. Maialen con catorce meses tenía la edad neurológica que tiene ahora Sara, cuatro meses, y veo cosas que nunca vi en Maialen. Cosas tan sencillas como sacar la lengua, balbucear, cruzar los pies, tocar, coger, llevarse los muñecos a la boca, salirse de la mantita de juegos, seguirte con la mirada por todo el salón incluso por encima de su cabeza... Son cosas tan sencillas y que han sido tan difíciles de conseguir con Maialen que ahora cuando las veo las disfruto al máximo. Prácticamente todo es nuevo para mí, lo vivo y lo disfruto como novata que soy.

 

Por las tardes vivo los momentos más maravillosos de mi vida. Bajo a coger a Maialen cuando llega en su taxi, abro su puerta y le digo "venga, vamos que Sara te está esperando" y en su cara aparece la sonrisa más maravillosa e incluso se gira y mueve el culete para bajarse cuanto antes del coche. En el ascensor va dando saltos en su silla. Cuando llegamos a casa le dejo en el suelo de su habitación y me voy al salón. Viene detrás, culeando a toda velocidad, entra al salón y va directa a Sara. Se sienta delante de su tumbonita, se pone de rodillas, se levanta apoyada en la tripita de Sara y le saluda acercando su cara a la de Sara. Si tiene que agarrarse a la tumbonita para dale un abrazo largo, lo hace. No se separa de su lado. Pero lo más maravilloso lo vivo cuando Maialen apoya sus manos en la tumbonita de Sara, que cuelga de un soporte por lo que no está tocando el suelo y empieza a balancearla. Despacio, deprisa, de todas las maneras pero es Maialen quien balancea a Sara. Yo me limito a mirar y a disfrutar. Sara le mira súper atenta y se ríe. Se miran y se ríen. Cuando deja de balancearle, se apoya en sus piernas y empieza a contarle todo lo que ha hecho en la ikastola. La imagen de Sara en su tumbonita, Maialen apoyada en ella mirándole y escuchar sus explicaciones es algo maravilloso. Digo sus explicaciones porque no calla. "dadadada, dededede, tetetete, ey ey eyyy" todo de tirón, el tiempo que haga falta hasta que le cuenta todo lo que ha hecho. Cada vez que veo eso me invanden ganas de llorar, pero de la felicidad más absoluta.

Pero sus enormes muestras de cariño no se quedan en la tumbonita, de eso nada. Si la dejo en su manta de juegos, ella va detrás y literalmente entra en la manta. Pone sus piernas encima de Sara que a veces se enfada y otras está tan tranquila. No hay nada como conocerse... Una tarde Maialen puso las piernas sobre la tripa de Sara, se hizo una bolita y se tumbó, despacio, a su lado. Las dos juntas, tumbadas en el suelo... Esa imagen me llegó al alma. Pero si tengo a Sara sentadita en mis piernas, ahí está Maialen. Esa mirada sólo es para su hermana. Si Sara le mira y se ríe, ella me mirá con una mirada súper viva y también se ríe. Maialen está demostrando con Sara el cariño más absoluto que una persona puede demostrar. Sara ha despertado en ella algo maravilloso. Sara ha despertado algo maravilloso en nuestra casa.

Maialen es única y lo está demostrando cada día.

 

Estoy feliz, absolutamente feliz. En el embarazo pasé mucho miedo y las semanas siguientes al nacimiento hicieron que estuviera atenta al más mínimo detalle pero ahora simplemente me limito a vivir cada momento, los disfruto por primera vez con el plus que nos da Maialen. Son hermanas y se quieren, no hay más que ver los momentos tan maravillosos que nos regalan.

 

Me merecía vivir momentos así y estoy segura de que los más maravillosos de Sara y sobretodo los momentos más maravillosos de Maialen aún están por vivir.

Llegarán. Llegarán.

Comentarios

Han llegado y seguirán llegando! 

Gracias por compartirlo con nosotros rubita! 

Cuatro besitos..