Ocho minutos

Hace muchos días que no me siento a escribir. La verdad es que no tenía ganas. Maialen ha pasado unas semanas bastante potentes con el pistón subido, cada vez más y este fin de semana fue el punto más alto. Lleva dos días más tranquila, a ver si poco a poco se va relajando aunque con estos cambios de tiempo es dificil porque le afectan mucho.

 

Hace unos días necesitaba coger aire así que cuando Dani llegó a casa me escapé. Fui a un centro comercial e hice una cosa que llevaba mucho tiempo pensando si hacerla o no. ¿Recordáis la película Un monstruo viene a verme? Bien, pues cuando salió esa película tuve muchísimas dudas de si verla o no aunque algo dentro de mi me decía que no lo hiciera. No lo hice, no la he visto. Lo que hice el otro día fue comprarme el libro. Poco más de doscientas páginas que decidí empezar a leer con mucha calma, si lo terminaba, bien, si no era capaz, también estaba bien. Empecé y había cosas tan familiares... Decidí que quería terminarlo aunque no sabía si iba a ser lo correcto o no. ¿Por qué la película no quería verla pero me compré el libro? Pues porque lo que pensé fue que necesitaba saber si podía enfrentarme a esas páginas. Prefería revivir esas sensaciones desde las palabras a tener el impacto de una imagen. Tranquilos, no voy a desvelar nada.

Esta mañana lo he terminado. Lo he terminado con lágrimas y un bolo en el estómago. ¿Mi conclusión? Ni puedo ni debo verla. Demasiadas cosas, demasiadas. Esas sensaciones no se irán por mucho que pasen los años.  Supongo que a muchas personas les habrá gustado porque realmente la historia es bonita pero siendo algo tan familiar prefiero tenerla en la distancia. Quién sabe, a lo mejor algún día decido verla, quién sabe, pero de momento no puedo.

 

Así que he empezado el día bastante moñas. Hemos ido a la ikastola a recoger a Maialen y cuando nos ha visto nos ha sonreído de una manera... Ha dormido una buena siesta así que se puede trabajar mejor porque ha descansado.

 

Hoy sólo hemos hecho dos ejercicios. En la escalera hemos empezado bien pero ha terminado cabreada como una mona. Ultimamente es dificil hacerla porque ha pasado de hacerla riéndose a enfadarse casi todas las veces pero ahí seguimos dándole a la matraca. Hoy mi reina ha conseguido hacer cincuenta y ocho metros. ¡El último record fueron dos metros menos así que súper bien! Eso sí, como utiliza sus manos para agarrarse ahora es un pulpo. Es mucho más consciente de sus manos y lo quiere tocar todo. Es tan bonito ver cómo consigue coger algo entre sus dedos aunque dure poquito tiempo...

 

Cuando se le ha pasado el enfado he pensado que podíamos ir al baño y volver a intentar que se quede de pie ella solita. Las tres únicas veces que lo ha conseguido fueron en febrero y desde entonces no había habido manera de conseguirlo. Hacía dos meses que la había visto de pie ella sola, fueron las únicas veces en su vida que había estado así. Para mí fue lo más bonito que he visto en mi vida. Ver a mi hija de pie después de tanto trabajo y tanto esfuerzo... Maialen de pie... Fue algo tan grande...

Hoy me ha costado un poco pero lo ha conseguido. No estaba nada convencida aunque poco a poco ha ido relajándose y se ha reído. Ha sido tan bonito verle de pie... Sara también quería ponerse ahí así que le he traído su sillita roja y se ha puesto de pie apoyada en la misma tabla que su hermana.

Mis dos hijas de pie... ¿Sabéis lo que eso supone para mí? ¿Podéis imaginaros lo que he sentido en ese momento? ¡Es algo tan maravilloso y tan brutal!

 

Hemos pasado semanas duras pero estos ocho minutos demuestran que nuestro sueño algún día será real.  Pese a quien le pese vamos por el buen camino. Están siendo años duros y muy sacrificados pero cada pequeño logro que va consiguiendo es el mejor regalo que podemos recibir. Maialen algún día conseguirá caminar, por supuesto que lo consenguirá. ¡Maialen es muy grande! Nada ni nadie va a hacer que dejemos de luchar por nuestro sueño.

 

Hace poco me dijeron que Maialen siempre será mi niña. Por supuesto que siempre será mi niña y Sara ha sido una bendición. Aún no ha cumplido los dos años y le da de comer a la boca a su hermana... Quiere ponerse de pie con ella... Le quiere tanto... Son tantas cosas... ¿Qué puedo sentir que no sea felicidad?

 

Quiero terminar con unas palabras que he leído en el prólogo de Un monstruo viene a verme. Dice así:

"Cumplir años es envejecer, crecer es otra cosa. Es darse cuenta de que la vida no es lo que esperas. No es justa ni predecible, ni controlable. Es comprobar que a veces se gana y se pierde al mismo tiempo. Crecer es aceptar la incertidumbre."

 

Maialen te quiero con todo mi alma y por tí lucharé hasta el infinito y más allá.