¡Maialen me ha dado dos besitos!

Maialen no anda, no habla y no sabe usar sus manos. Tampoco da besos. Para ser exactos tengo que decir que hasta ayer sólo había dado besitos un día. Sólo un día en ocho años. Ese momento tan mágico lo tenía guardado para una persona, Sara, su hermana. Recuerdo tan bien ese momento...

Siempre estoy en el suelo con ella, siempre estoy a su altura y cuando nació Sara nada de eso cambió. Aquella tarde estaba sentada en el suelo con Sara en mis brazos, Maialen se acercó culeando, se apoyó en sus rodillas, apoyó su mano en mi rodilla, levantó el culete, abrió un poquito la boquita y con sus labios tocó despacito la cabecita de Sara. Dio varios besitos seguidos y nunca más volvió a hacerlo. Hasta ayer.

Ayer a la tarde antes de salir a dar un paseo me puse delante de ella y le di mucho besos. Lo reconozco, soy muy besucona y ella estaba tan contenta que le dije "te voy a comer ese morro". Siempre que se lo digo le da la risa y a mí me encanta verle reír así. Me quedé cerquita, hizo algún amago, me hizo alguna cobra y de pronto se quedó quieta, vi ese morrete y esos ojos mirando fijamente a los míos y muy, muy, muy despacito se fue acercando hasta tocar mis labios con los suyos. Solté un grito pequeño y mis ojos se llenaron de lágrimas. Lo hizo una vez más y después en lugar de sus labios acercó su moflete para que le diese yo el beso. Lo que sentí es indescriptible. ¡Esos momentos son la felicidad más grande! Eso es felicidad.

Hasta ayer pensaba que no había sido casualidad que la única vez que dio un beso fuese a su hermana pequeña. Lo tenía reservado para ella, sólo para ella. Cuando nació Sara siempre se acercaba a ella, le miraba, le tocaba, siempre estaba a su lado, no se separaba de ella y con esos besitos demostró todo lo que le quiere. Era como si le estuviera esperando.

Y ayer me los dio a mí... Me dio los dos besos más bonitos que me han dado en la vida. Son los besos más sinceros, limpios y transparentes. Los mejores besos del mundo.
Mi niña...

En septiembre empecé a caer, en octubre estaba mal y por esas fechas escribía que me sentía una mierda de madre, era una madre agotada, sin paciencia, lloraba a diario, me sentía sola y lo pagaba con ellas. Fue duro, muy duro y de pronto me da esos besitos que hacen que me sienta tranquila, siento una tranquilidad extraña pero me gusta. Es como si me dijera que todo lo pasado no importa, se quedó atrás, siento como si me perdonase. Me quiere.
Cuando le dije que me había dado dos besos me miró con la sonrisa más bonita del mundo y cuando le dije que quería más se rio a carcajadas en mi cara. Las carcajadas más bonitas del mundo... Hoy lo he intentado otra vez, le he dicho "Maialen te voy a comer ese morro" y se ha reído a carcajadas... ¡Tendré que volver a intentarlo!

Sara me da un montón de besos, otra besucona y todos los días me dice "te quiero mucho amatxo"... Es algo tan normal, lo damos por hecho, es tan sencillo que cuando tienes delante a un ángel que en ocho años sólo ha dado besos dos veces aprendes a valorar el verdadero significado de un beso. Aprendes que lo más pequeño es lo más grande. Aprendes a valorar lo realmente importante. Hace mucho tiempo que las cosas materiales pasaron a otro plano. Con esos dos besos Maialen me lo ha dicho todo sin decir una palabra.
Es lo más grande de mi vida.

Mientras escribo tengo la visita de Sara y me acaba de soltar una frase que me ha dejado sin palabras. "Amatxo te quiero mucho. Me gusta cómo me queréis"... ¡Arrea!
Sara, cómo no te vamos a querer si eres el mejor torbellino del mundo... Si lo pusiste todo patas arriba, si nos diste la gran oportunidad de vivir las cosas desde el otro lado, desde el lado en el que todo es más fácil, desde el lado de las palabras, de los besos y los abrazos sin pedirlos, desde el lado de los tira y afloja, de los retos, de las riñas... Gracias,cariño.

Soy realmente afortunada. Afortunada por haber aprendido a sacarle jugo a todo, por valorar lo importante, por haber aprendido a conocerme, por quererles como les quiero, por tener a las niñas más bonitas del mundo, por ser su madre.

Algún día volverá a darme un beso. Mientras tanto le daré millones de besos a cambio de uno suyo. Me parece un trato justo. Maialen, te comeré ese morrete...

No puedo querete más...