Se llama felicidad

Lo que estoy sintiendo se llama felicidad y sinceramente creo que es el momento más feliz de mi vida.

Durante mis treinta y seis años he vivido cosas feas, muy feas. He visto y vivido situaciones que nunca debería ver un niño y cuando fui madre me tocó la maternidad dura, la que nadie quiere y nadie imagina que va a vivir.

Muchas veces he dicho que llegar hasta aquí ha sido tremendamente duro y hoy os voy a contar el momento más duro que he vivido con el rett. Nunca olvidaré el verano de 2012.
Un año antes nos habían dado el diagnóstico de Maialen. Un año antes me rompí en un millón de pedazos y cuando ves cosas que no sabes si son por el avance de la enfermedad te mueres de miedo. Para mí eran los momentos más duros de mi vida.
Poco a poco empezó a aparecer la rabia en los ojos y en la boca de Maialen, sus enfados eran desproporcionados y un día ves que intenta morderse las manos y se pega en la cabeza. Un día consiguió morderse. Lo hizo con una rabia tan grande que mis entrañas se desgarraron. Cada enfado suponía autolesionarse.
Para evitar que se hiciese daño le metía mi mano para que fuese a mi a quien mordiese y os aseguro que ese mordisco lleno de rabia donde más dolía no era en la mano. He llegado a quitarme la camiseta para que la mordiese pero si tenía a mano una toalla, un trapo, ropa, lo que fuese, eso era lo que metía en su boca.
Ver que tu hijo para descargar lo que sea que estuviera sintiendo tenía que hacerse daño duele tanto... Intentas de todo y ves que nada funciona... Le hicimos protecciones porque ya que no podíamos evitar que lo hiciera por lo menos que no se hiciera daño y al final tuvimos que tomar la decisión de medicarle.

Cuando vives algo así piensas que no puedes más y el viaje no ha hecho más que empezar. Pero poco a poco esa fase fue pasando y un día te das cuenta de que está en el baúl de los recuerdos. Es algo que está muy, muy lejos y ahí es donde se va a quedar.

Claro que hemos pasado temporadas malas pero todas han formado parte de nuestro viaje y pienso que sin ellas no hubiesemos llegado hasta aquí.
Mis ojos estaban puestos en un sueño y a pesar de todo lo vivido ese sueño no se movió ni un milímetro. Siempre ha estado ahí. Jamás he pensado que no lo íbamos a conseguir. Nos va a costar más o menos, el tiempo es lo que menos me importa. Nunca me he puesto plazos ¿Para qué? No merece la pena. Las cosas suceden cuando tienen que suceder no cuando nosotros creemos que tiene que ocurrir.

Cuando ves que lo malo se queda atrás, cuando ves que delante tuya está Maialen con la mirada más limpia y transparente del mundo aprendes que por muchas cosas feas que se nos pongan en el camino nosotros vamos a ser más fuertes.
"Nunca va a caminar"... ¡Y una mierda! Ya está caminando con apoyo y por supuesto que caminará sola.
El domingo cumplí uno de mis pequesueños. San Sebastián me encanta y siempre que hemos paseado por el paseo de La Concha lo ha hecho sentada en su silla y siempre, siempre le he dicho que algún día caminará por allí y este domingo sin decir ni una sola palabra lo dijo todo. Caminó agarrada a su silla junto a Dani durante 2,44 kilómetros.
Sentí una satisfacción tan grande... Me sentí tan orgullosa de ella... Lo que sentí se llama felicidad.

Cuando uno lucha con todas sus fuerzas por un sueño y ve que un día va a ser una realidad es feliz. Estoy feliz, completamente feliz.

He sido una chica débil pero dicen que lo que no te mata te hace más fuerte y ahora mismo me siento muy bien. Me siento bien conmigo misma, con fuerza, mucha fuerza para seguir luchando día a día. Siento una felicidad como nunca la había sentido y me gusta tanto sentirme así...

Maialen, gracias por todo lo que me das. Gracias por todo lo que nos enseñas cada día. Gracias por haber tirado de mí cuando más falta me hacía. Gracias por estar en nuestra vida.
Gracias Maialen, gracias.