¡Camina agarrada a mis manos!

¡Maialen camina agarrada a mis manos! Alguno puede pensar que camina con apoyo desde el verano y que si lo hace agarrada a su silla puede hacerlo también agarrada de las manos. Sí pero no. Conmigo no se atrevía a hacerlo con las manos. Con Dani sí porque es más alto que yo, tiene más fuerza y le da más seguridad. Supongo que a mi me miraría y pensaría de todo menos que soy segura para caminar, al fin y al cabo su cabeza no está tan lejos de la mía...

Muchas veces he dicho que con Dani camina hasta el fin del mundo pero conmigo, hasta ahora, daba unos pasitos para dejarme contenta y en cuanto podía se dejaba caer y cuando hace eso es un peso muerto. Como soy más terca que una mula lo he intentado un montón de veces y siempre me lo he tomado con mucho sentido del humor porque se que algún día lo voy a conseguir. 

Ayer la cosa cambió.

 

Ayer le cogí de las manos y caminamos por toda la casa, para un lado, para el otro, pasillo arriba, pasillo abajo y lo mejor, sin duda, fue ver su sonrisa. ¡Fue tan bonito! Por fin camina conmigo...

 

El 31 de octubre se cumplió un año de sus primeros pasos. También fueron en el pasillo. Fueron poquitos, lentos, inseguros pero fue lo más bonito que había visto en mi vida.

He visto muchas cosas bonitas en mi vida, lo más maravilloso claro que ha sido tenerlas sobre mi pecho nada más nacer pero ver caminar a Maialen es distinto, es algo único. Es un sueño hecho realidad. Es un sueño que ha dolido en lo más profundo de mi ser, es un sueño que ha hecho que me despierte al mundo, es un sueño que me ha dicho quién soy. Es mi gran sueño. Está ahí, es real, más real que nunca.

 

Recuerdo que al principio cada vez que le veía dar esos pasos tan llenos de miedo empezaba a llorar porque lo que sentía en ese momento era indescriptible. Eran lágrimas de felicidad y muchas veces estando sola en casa empezaba a llorar como una niña. Como la niña a la que la vida le robó tanto, como la niña a la que esa misma vida puso delante de sus ojos la gran oportunidad de ser feliz.

 

Hace muchos años me dijeron la frase que probablemente más asco me da. Me dijeron "ahora tienes que ser fuerte" y no lo fui. Cuando empezaron todos los problemas de Maialen era como si esa maldita frase me taladrase. "Tienes que ser fuerte" y tampoco lo fui. Lo que no podía imaginar era que una personita de ojos verdes y sonrisa picarona me iba a demostrar, a base de silencios, que sí soy fuerte.

Ahora cuando le veo caminar siento un orgullo inmenso pero orgullo del bonito, del que te hace sentir bien, del que te pone una sonrisa de oreja a oreja en la cara. El otro orgullo, el feo, lo dejo para quien lo quiera, no lo necesito porque cada vez que abro la puerta de mi casa la realidad pega de frente así  que no merece la pena.

 

Maialen ha trabajado como una guerrera. Si ella no se rinde ¿quién soy yo para hacerlo? Si decimos que estamos orgullosos nos quedamos tan cortos... Nos ha dado una lección tan grande...

 

Se han cumplido dos de mis pequesueños, caminar por la vuelta del castillo y por el paseo de La Concha en San Sebastián. Tengo otro pequesueño por cumplir y es algo tan sencillo como ir andando, agarradas de la mano, a comprar el pan. Lo haremos.

 

Maialen, mi vida, te prometí que vas a caminar y algún día lo harás sola. Has conseguido lo más difícil, ponerte de pie y caminar agarrada. Lo demás llegará, te esperaremos.

 

Caminarás, cariño, caminarás. No puedo quererte más.