Impotencia

Hoy es de esos días en los que necesito sentarme en mi rinconcito y vomitar todo, necesito escupir lo que estoy sintiendo y creo que sólo puede definirse con una palabra, impotencia.

Este rinconcito me da libertad para escribir todo lo que quiero y necesito soltar. Para mí es una vía de escape necesaria.

La tarde de hoy ha sido dura. Ha sido una de esas tardes que te hacen viajar en el tiempo, a un tiempo que no quieres ni recordar pero que ahí está, en nuestra historia.

Maialen estaba contenta, tranquila, hemos cantado, bailado, jugado y de pronto ha empezado a quejarse. Maialen no habla, no puede decirte qué está sintiendo pero deja claro que algo le está pasando pero no sabes qué es, necesitas adivinarlo si quieres ayudarle. Algo le dolía y te tienes que guiar por la intuición, esa con la que a veces aciertas y otras no. Más o menos estaba bajo control hasta que la cosa ha empezado a subir y ahí ha empezado mi impotencia.

Maialen enfadada es muy potente, a veces demasiado. Ha sido tanta la potencia de su enfado que me he tumbado encima bloqueando su cuerpo y evitando que se hiciera daño en la cabeza. Veía lágrimas en sus ojos y rabia, mucha rabia pero no podía parar eso por más besos y caricias que le hacía para intentar relajarle.
En mi viaje en el tiempo he recordado los abrazos de contención que tuve que hacerle muchas veces en aquel maldito verano de 2012 pero entonces era pequeñita y podía rodearle con mis brazos y esperaba a que pasara la tormenta. Hoy, he hecho lo que he podido porque delante tenía a una personita que me llega a la barbilla y eso dificulta mucho las cosas. Al final he conseguido tenerla entre mis brazos pero he vuelto a viajar a ese 2012 cuando he visto que esa rabia que estaba escupiendo le ha llevado a intentar morderse el brazo. No me lo he pensado ni medio segundo. Cariño mío, tú no te vas a hacer daño. El brazo que ha mordido con toda su furia ha sido el mío.
Era como si me apretara la mandíbula de un cocodrilo que soltaba y volvía a apretar con toda su rabia.
No podía ni gritar del dolor de los mordiscos pero ahí, en el brazo, era donde menos me estaba doliendo. Me ha dolido en lo más profundo de mi ser.
Le he pedido ayuda a Sara y nos ha traído un trapo para que lo mordiese y descargase todo ahí.
Cuando ha pasado la tormenta me he roto.

Esto también es rett.

Puedo contar cómo ha sido pero es una situación que hay que vivir en tus propias carnes para poder llegar a sentir ese dolor. Es un dolor que desgarra y arrasa con todo.

Cuando nos hemos calmado y hemos cogido un poco de aire hemos ido a su cama. Mientras me volvía a romper le he dicho que estoy dispuesta a seguir luchando porque siempre, pase lo que pase, voy a estar a su lado.
Lo que realmente he sentido cuando he visto su sonrisa ha sido que no puedo quererle más.

En nuestra casa yo soy la figura del cuidador y cuando vives momentos de mucha presión y un estrés insoportable sientes que para la sociedad tus necesidades son secundarias, no se valoran como necesitas que se haga. La parte visible de todo esto es Maialen, es el centro, pero soy su satélite, siempre estoy a su alrededor y lo que ella vive yo también lo vivo. Si ella está bien yo también lo estoy pero si ella está pasando una mala temporada yo también la estoy pasando. Vamos de la mano.
Echas en falta la empatía. Un grano de arena puede sentirse solo en medio del desierto.

Los cuidadores pagamos un precio muy alto. También necesitamos gritar, explotar, llorar, sentir rabia y frustración, no solo alegría. Ojala todo fuesen alegrías. Tenemos derecho a sentirnos así. Somos humanos y a veces, simplemente, no podemos más.

Esta tarde también he pensado que estoy cansada de tener que estar toda la vida bailando con la más fea. Yo también quiero vivir la vida como los demás pero hay días, como hoy, que el monstruo rett me pega un tortazo en la cara y eso escuece, como mi brazo.

Hoy he caído pero si en algo tengo experiencia es en levantarme después de los tortazos más grandes así que esta vez no va a ser distinto.
Hoy ha sido una tarde dura, dura de cojones pero como le he dicho a mi niña, estoy dispuesta a seguir luchando.
Tengo un sueño que cumplir.

Mañana será otro día.