¡Camina!

Ay Dios mío, no se ni por dónde empezar. Esto es una montaña rusa emocional demasiado grande.

 

Hace unas semanas no estaba bien, me venía abajo constantemente, mi cabeza estaba agotada.

La posición de Sara no es fácil, tiene cuatro años recién cumplidos y a pesar de ser tremendamente consciente de todo lo que tenemos en nuestra vida, a veces también reclama su sitio. Normal.

Siempre hago todo lo posible para que las dos estén bien, contentas, reparto mi tiempo entre ambas pero, a veces, por mucho que hagas no es suficiente y así me lo ha hecho saber mi princesa.

Sara es maravillosamente noble y cariñosa así que pasar de darnos besos y abrazos a todas horas y en cualquier lugar a recibir malas contestaciones, rabietas, y un sin fin de intentos de manipulación en los momentos que más necesitaba atender a Maialen hizo que tuviésemos muchos momentos de caos que no supe llevar.

Es completamente normal y necesario que los niños expresen y exterioricen sus celos pero cuando tienes delante a una niña que no lo está pasando bien y tampoco te lo está poniendo fácil y a la vez tienes a una niña dependiente que te necesita al 100% se viven momentos duros. Emocionalmente duros.

Mi moral poco a poco fue bajando y me rompí varias veces. No me gusta romperme delante de los demás pero a veces por mucho que intentes aguantar no puedes evitar venirte abajo y entonces recibes un abrazo y un abrazo "power" y sientes que tus pulmones aún tienen un hueco para llenarse de oxígeno.

 

La posición del cuidador tampoco es fácil, de hecho, es una posición dificil según las circunstancias. Es difícil por todo lo que conlleva cuidar a una persona dependiente y todo lo que ocurre alrededor y muchas veces puedes sentirte muy solo. ¿Es posible que un grano de arena se sienta solo en medio del desierto? Sí, rotundamente sí, porque la sociedad en general pone los ojos y la atención en la persona cuidada y da por hecho que el cuidador está bien porque se cuidará solo. ¿Seguro que es así? ¿No necesitamos que nos cuiden, que nos den una palmadita en la espalda, un café o una tila cuando nuestra carga emocional nos sobrepasa?...
Muchas veces he sentido que socialmente tienes que ser una mezcla entre la bondad de la madre Teresa de Calcuta y miss universo con su sonrisa permanente para todo el mundo. Y no, somos humanos, con nuestro sentido del humor y con nuestros días en los que enviaríamos todo y a todos a la mierda. Somos personas con nuestros altos y nuestros bajos,nuestra montaña rusa emocional es brutal. Simplemente necesitamos que a nosotros también se nos entienda.

Por suerte esa mala racha ha pasado, Sara vuelve a ser el bombón de siempre y Maialen sigue demostrando que todo es posible si luchas con todas tus fuerzas.
Seguimos aguantando de pie con tres puntos de apoyo (dos pies y espalda). Hace unos días consiguió estar una hora y diez minutos... ¡Fue increíble! Terminó cansadita y cuando le senté para cenar estaba tan tranquila...
Poco a poco sus piernas van teniendo musculitos, necesitan coger fuerza para poder mantenerse de pie y caminar. Su musculatura brillaba por su ausencia así que ahora ver que están más fuertes es maravilloso.

Poco a poco va pidiendo ponerse de pie y caminar. Con su padre camina mucho mejor que conmigo. Le dará más seguridad así que a mí me torea lo que quiere y más.
Algunas veces he intentado que se ponga de pie solita apoyándose en una mesa pero como se mueve tanto al final se movía la silla y era difícil que lo consuiguiese así que hace unos días se me ocurrió acercar la mesa de la cocina a la encimera y colocarle en medio sentada en una silla.
Son dos superficies estables así que puede ponerse de pie en la que prefiera. Mi sorpresa fue que en lugar de levantarse y sujetarse en uno de los dos lados se puso de pie pero apoyando una mano a cada lado quedándose frente a mí.
Le puse a Juanes en el ordenador porque la canción La plata le encanta y cuando se levantó empezó a bailar. Qué se le va a hacer, nos va la chufla y somos las reinas del ballenato...

Hace dos días volví a colocarle en la silla, se levantó y después de varios intentos movió sus piernas para dar unos pasitos pequeñitos. ¡Dios mío! ¡Los dio sola, sin ayuda!
Rompí a llorar... Aquello fue demasiado grande... No me lo podía creer. Ahí estaban sus primeros pasos con apoyo sin ayuda... Sara estaba en casa con dos amigas, vinieron y me preguntó "¿ha andado sola?", "¿estás llorando de emoción?". Para mi fue algo indescriptible.
Ayer volví a colocarle y mi sorpresa fue que nada más sentarle se puso de pie. Esta vez nos acompañaba nuestro gran amigo Bruce Springsteen.
Recordé que, cuando consiguió aprender a gatear, la mejor manera de conseguir hacer metros era persiguiendo la comida así que esta vez no va a ser diferente. Coloqué su merienda al otro lado de la mesa y de pronto empezó a caminar apoyando sus manos a ambos lados. Fui moviendo la mesa para alargarle la superficie de apoyo.
¡Sus pasos fueron ligeros, rapiditos y con soltura. Nada que ver con el día anterior! ¡Le gusta!
¡Ay Dios mío!

Ahora mismo no se ni lo que siento. Mi cabeza está a mil revoluciones. Quiere pensar muchas cosas pero no consigo pensar ninguna. Es como si se hubiera quedado bloqueada,es una sensación muy rara.
Han sido ocho años y medio muy duros, muy difíciles. Los comienzos fueros complicados, no por ella que era pequeñita y manejable sino porque después de meses trabajando conseguíamos algo que luego se perdía y lo volvíamos a intentar una y mil veces más porque sabía que podía volver a conseguirlo. Poco a poco las cosas se fueron quedando y eso ayudó a seguir avanzando queriendo conseguir otras pequeñas metas pero todas tenían un único fin, conseguir caminar, por eso cuando apenas se sujetaba sentada le hice la mayor promesa de mi vida.
Cuando llegó el momento de empezar a ponerle en la vertical llegó el momento de un esfuerzo físico y mental titánico. Tuvimos que luchar contra el miedo. Le daba terror. Tuve ir moviendo sus extremidades una a una para que fuese notando e integrando en su cerebro el movimiento. Trabajar la escalera hizo que empezase a pagar la factura del agotamiento físico y mental.
Pero poco a poco fuimos ganando esa partida, esas piernas empezaron a moverse y conseguíamos hacer cien metros diarios. Luego llegaron los paseos agarrada a su silla y con ellos llegaron los casi dos kilómetros y medio en San Sebastián.
Toda esta lucha nos ha llevado a sus primeros pasos sola con apoyo.
¡Como para no romper a llorar!

Ahora mismo lo que siento es que mi cabeza necesita romperse y sacar toda la carga emocional acumulada en estos ocho años y medio. No estaba preparada para esto así necesito mi tiempo para asimilar lo que mis ojos han visto estos dos últimos días.

Ha llegado el momento de disfrutar al máximo cada uno de sus pasos, unos pasos que van a hacer que se coma el mundo a bocados.

Ay Dios mío, Maialen... Lo vas a conseguir. Seguiré luchando por cumplir mi gran promesa.

Caminarás, cariño, caminarás.