"Enhorabuena, mamá, lo has conseguido"

Llevo tres meses sin sentarme en mi rinconcito, la verdad es que necesitaba descansar y desconectar, centrarme en mí, en estar bien porque el curso pasado fue muy duro especialmente a nivel emocional. Fueron demasiadas montañas rusas así que decidí alejarme un poco, aunque sí he tenido días en los que realmente necesitaba sentarme y soltar todo lo que se me estaba acumulando y el no hacerlo me jugó alguna que otra mala pasada pero bueno, ya estoy de vuelta.

 

Maialen ha tenido un verano maravilloso. Cumplió diez años y con ellos nos regaló sus primeros pasos caminando de la mano. Hasta entonces caminaba agarrada a su silla y aunque este cambio no parezca muy grande sí lo es. La visión y el equilibrio juegan un papel importante. Aún necesita apoyar la otra para sentirse segura pero poco a poco la irá soltando y conseguirá caminar solo con una. No tengo ni la más mínima duda

 

Verle caminar con Dani, ver que poco a poco va aumentando la distancia mientras va mejorando la posición del cuerpo, ver que esas rodillas se doblan cada vez que da un paso, ver que la anchura de la pisada cada vez es más estrecha por lo que camina más cómoda ganando confianza y agilidad y ver cómo le agarro de la mano y también camina conmigo... Hasta ahora no se fiaba, supongo que no ser mucho más alta que ella no le daba demasiada seguridad, pero ahora sí, agarro su mano y caminamos juntas. Esa sensación es indescriptible. Empezamos poco a poco, pero hemos ido dando paseítos cada vez un poco más largos hasta llegar al kilómetro y medio. No tengo palabras para describir lo que sentí aquella tarde. Mirarle y verle sonreír es algo único.

 

Yo no veo los cambios igual que el resto de la gente porque estoy metida en el fango, las personas que le ven vada cierto tiempo notan mucho más las diferencias y ver sus caras de emoción cuando le ven pasar, escuchar cómo le dan ánimos para que siga caminando, escuchar todas las enhorabuenas y zorionak que nos dicen hace que sientas que Maialen no puede ser una niña más querida. Cada vez que me dicen "enhorabuena, Maider, lo estás consiguiendo" me dan un pequeño empujoncito para seguir adelante. A veces esos empujoncitos son tan necesarios...

 

Trabajar la vertical con ella ha sido durísimo, no os podéis hacer una idea. Han sido tantas horas... Un esfuerzo físico y mental tan grande... El peaje pagado ha sido muy caro, pero gracias a esa maldita escalera Maialen está caminando con apoyo.

Digo maldita porque, aunque los primeros días nos llevásemos bien con ella porque el principal objetivo era conseguir que estuviera unos segundos agarrada poco a poco se fue convirtiendo en nuestra enemiga. Tuve que ir moviendo sus extremidades una a una e ir avanzando muy lentamente para que su cerebro fuera asociando y guardando el movimiento. Yo no cabía debajo de ella así que la postura era todo menos cómoda pero bueno, la cosa era así.

Durante muchos meses tuve que moverle las cuatro extremidades añadiendo la enorme resistencia que ponía Maialen, pero un día movió un poquito un pie y recuerdo que le dije "Maialen, hasta aquí he llegado con tus pies, a partir de ahora yo te moveré las manos, pero los pies los mueves tú". Le costaba muchísimo dar ese pequeño pasito, pero, aunque al principio le ayudaba un poquito poco a poco fue moviéndolos un poco más hasta que el movimiento se fue integrando y fue siendo un poco más fácil. Llegamos a hacer cien metros diarios.

Orgullosísima de ella.

 

Con el buen tiempo dejamos de lado la escalera y empezamos a caminar con su silla y todo este camino recorrido nos ha llevado a que pueda dar pasitos con apoyo, pero ella sola.

Si le pongo entre la mesa de la cocina y la encimera es capaz de levantarse y caminar un poquito. El primer día que se puso de pie fue una ilusión enorme. Nos costó media tarde conseguirlo, pero lo consiguió. Al día siguiente volvió a hacerlo después de un millón de intentos y de pronto movió un pie. Esa tarde estaban en casa dos amigas de Sara y cuando me escucharon gritar vinieron corriendo a la cocina para ver qué estaba pasando. No podía parar de llorar y Sara me preguntó "¿ama, estás llorando de emoción?". Al día siguiente volvió a hacerlo y esa vez los pasos fueron un poco más seguros.

 

Hace unos días estuvimos en Neocortex. Nos tocó visita y no pudimos volver con mejores noticias. 

Aunque costó porque no quería hacerlo le vieron caminar con nosotros dos. La directora quiso verle caminar solita y aunque le costó, lo hizo. Puso su mano en mi brazo y me dijo "enhorabuena, mamá, lo has conseguido, esto es caminar con independencia. Lo has conseguido".

 

¡Joder! han sido casi nueve años de trabajo, de dedicación absoluta a mi hija, de una enorme lucha por conseguir un sueño, el sueño de verle caminar. Años en los que me puse en segundo plano poniéndole por delante de todo. Años de renuncias. Han sido los años más importantes de mi vida.

 

Maialen empieza a caminar solita. Cuando tenía dos años le hice la mayor promesa de mi vida. Le prometí que algún día iba a caminar. No fue una promesa cualquiera. El síndrome de rett le ha robado muchas cosas, pero no le va a quitar esa libertad de poder caminar sola. Le prometí libertad. Maialen va a ser libre.

El síndrome de rett, el muy carbón entró en casa por la puerta de atrás, sin avisar, rompió el frágil suelo que había bajo mis pies. Fue un tsunami que lo volvió a arrasar todo. Empezar de cero cuando no tienes fuerzas para seguir adelante es demasiado duro, pero no consiguió acabar conmigo. Me hizo fuerte.

Nunca había sido fuerte, tuvo que venir Maialen a este mundo para que aprendiese a luchar con todas mis fuerzas.

 

Gracias, Maialen, por todo lo que me das sin decir ni una sola palabra. Por hacerme fuerte. Por darme vida. Nunca podré devolverte todo esto.

 

Te quiero demasiado. Te quiero con locura.

 

Mañana, caminaremos.