Un día como hoy...

17 de enero de 2010. Esa fecha es imposible borrarla del calendario de mi memoria.
Llevaba muchas semanas sospechando que algo no iba bien porque, aunque era madre primeriza, tener sobrinos desde los doce años ayuda a darte cuenta de que algo tan simple como puede ser tocar un sonajero o llevarse algo a la boca o comer, Maialen no lo hacía.

Me molestaba escuchar eso de que cada niño lleva su ritmo, que ya empezaría... Porque algo dentro de mí sabía que algo estaba pasando.

La mañana del 17 de enero de 2010 le tocaba la revisión de los seis meses. Fueron Dani y mi madre. Jamás olvidaré aquella llamada de teléfono.
Durante la revisión, el pediatra vio que no le seguía con la mirada, no se sujetaba sentada, no intentaba tocar, los pulgares seguían dentro de su puñito cuando ya debía haber empezado a cerrar el puñito con el pulgar por fuera, etc. "No quiero que penséis que quiero ver algo que no hay pero parece que hay problemas neurológicos". Esa frase es literal y es imposible de olvidar.

Cuando colgué el teléfono me rompí en un millón de pedazos. Mi responsable estuvo conmigo en el baño intentando calmarme pero era imposible.

Ese día se volvió a abrir el suelo bajo mis pies.

Mi segundo tsunami estaba llamando a la puerta. El muy cabrón se estaba meando de risa mientras yo estaba intentando asimilar lo que estaba pasando. Lo que no sabía era que este tsunami iba a ser tan cruel. Me destrozó entera. Maider no existía. Tuvimos que escuchar posibles diagnósticos que luego no eran como una atrofia cerebral, enfermedad metabólica o hidrocefalia.
Es muy duro. Hasta que no lo vives en tus propias carnes no eres consciente de la brutalidad de esas palabras.

Conforme siga escribiendo se que voy a romperme pero necesito escupir toda la mierda que estoy sintiendo.

Yo era una chica que con once años ya tenía a mi ángel de la guarda. Desde los ocho años ya no tenía una vida como el resto de la gente. Vi y viví cosas que un niño jamás debería ver. ¿Por qué? esa maldita pregunta que me acompañó durante demasiados años y que cuando parece que voy a vivir una vida feliz con mi familia vuelve a zapatearme la cabeza.
¿Por qué no puedo vivir la maternidad como el resto del mundo? Y piensas que la vida está siendo demasiado injusta contigo y tienes que volver a pegar todos los pedazos que se habían roto antes.
Es muy duro volver a empezar. Otra vez. Otra vez.

Mi mundo se vino abajo y necesité ayuda profesional para poder seguir. Y aún no sabía que íbamos a estar en Sant Joan de Deu de Barcelona para escuchar "esto es un rett". Cuando fuimos al hospital, Maialen tenía veintitrés meses. Yo no podía más.
Maialen, mi vida, lo más bonito del mundo tiene la vida hipotecada.

Cuando bajamos a sacarnos sangre, la enfermera me preguntó mi nombre y no supe contestar. Intentó relajarme, volvió a preguntarme mi nombre y seguía sin saberlo. Tuve que pararme a pensar cómo me llamo. Con los apellidos pasó lo mismo. Estaba en shock. La verdad es que fue muy amable

En Pamplona se nos descartó pero los síntomas seguían y muerta de miedo entré en aquella consulta donde sabía que nos lo iban a decir.

Estaba rota. Durante mucho tiempo estuve rota pero conforme fui pasando mi fase de duelo me fui recomponiendo, me fui serenando y poco a poco me entró una mala leche interna... Le di la bienvenida a la rabia.

Esa rabia me ayudó para poder ponerme frente al rett y decirle "ven, cabrón, que te lo vamos a poner difícil, ven. Nos han dicho que nunca caminará pero eso no te lo crees ni tú, Maialen caminará"

Pero como las casas no se empiezan por el tejado, fuimos poco a poco, trabajando con humildad, constancia, perseverancia y un amor que mueve montañas y mata gigantes.
Maialen aprendió a comer, a sentarse, a tocar, a enfocar y ver el mundo desde la mirada más bonita del mundo, a gatear, a culear, a caminar...

Hoy, diez años después de aquel primer golpe, aquí estoy.

Mis sueños, mis ilusiones se fueron a la mierda y sentí que nunca volvería a tenerlos pero le prometí que algún día caminaría y hoy, esa promesa es una realidad, es un sueño cumplido.
Se pueden volver a tener sueños, a lo mejor no son los que querías, pero son sueños y hay que luchar por ellos. Si no lo intentas no sabes hasta dónde puedes llegar.

Maialen camina con apoyo, sí, pero quiero más. Quiero ponerle el lacito dorado a mi sueño.
Una noche, cuando Maialen no se sujetaba de pie, vi la imagen de ella de pie, fueron segundos pero del susto me desperté. Me pasó alguna vez más. Hace unos días soñé que cruzábamos juntas un paso de cebra, se soltaba de mi mano y caminaba. No me desperté.

Querido rett, viniste sin avisar y sin que te llamaramos pero aquí nos tienes, frente a tí, dispuestos a lo que haga falta, aunque a veces nos ganes, pero recuerda, Maialen es muy grande. Que no se te olvide.

Tengo dos ángeles. Uno cuida de mí y al otro le cuido todos los días.
La vida me lo ha puesto muy difícil pero, como siempre digo, por ella al fin del mundo aunque el camino sea cuesta arriba.